¿Por qué un perro puede morder a un niño?

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Esta mañana nos hemos despertado con una desagradable noticia. Un niño de 3 años fue ingresado en la UVI del Hospital La Paz (Madrid) tras haber sido atacado por uno o varios perros que le arrancaron las orejas y le dejaron heridas de consideración. No es la primera vez (ni lamentablemente será la última) que algo así sucede, pese a que es algo completamente evitable. Pero, ¿por qué pasa? ¿cómo es que un perro puede morder a un niño inocente?

A raíz de este suceso he visto multitud de reacciones. Algunas defendiendo al perro, otras atacando a los padres y otras diciendo que “nunca se sabe cómo puede reaccionar un perro”, “que un perro no es un humano y se deja llevar por su instinto” o que “los perros peligrosos atacan por naturaleza”.

Dado el tratamiento que dan los grandes medios a este tipo de información y la aceptación de la teoría de la dominancia (que tiene más tela que un galeón), es normal creer que los PPP son agresivos per se o que ningún perro es de fiar, no vaya a ser que sea dominante.

Pero lo que hay detrás de que los perros ataquen a personas (niños incluidos) es más bien un mecanismo de respuesta ante una amenaza.

La verdad es relativa

Veamos esto de la amenaza…

¿Te ha pasado alguna vez que has tenido algún gesto cariñoso hacia otra persona pero que esa persona lo ha tomado como un ataque? o ¿te acuerdas de cuando aún tenías los dientes de leche y que cuando tan sólo querías jugar tus padres mostraban que les molestabas?

A todos nos pasa. Muchas veces es imposible determinar las intenciones de la otra persona. Quiere A y nosotros entendemos que quiere sexo B. Y muchas veces no estamos receptivos a lo que otra persona (u otro animal) nos quiere transmitir. ¡Hasta una planta nos puede sacar de nuestras casillas!

Entre muchos otros factores, nuestra reacción depende directamente del nivel de estrés que tengamos. Como te cuento más adelante, a los perros les pasa igual.

Lo que para ti puede ser un gesto cariñoso con tu pareja, para tu pareja puede ser un intento de hacerle chantaje emocional. Lo que para un niño puede ser jugar con su padre para este puede significar querer tocar las narices. Y lo que para un niño puede ser jugar con un perro puede ser, para el perro, una amenaza de muerte.

Una amenaza ante la que hay que defenderse, tal y como haría cualquier animal… Incluyéndote a ti.

El tamaño no importa

Cuando hablo de este tema, mucha gente me pregunta que cómo puede un perro de 50 kg tener miedo a un niño de 3 años. ¡Parece absurdo! ¿Y que una persona le tenga miedo a una arañita inofensiva? ¿y a una cucaracha?

Los perros son animales emocionalmente muy sensibles. Viven el miedo de una manera muy parecida a la nuestra. Y sufren el estrés como lo haría cualquier persona, o incluso de una forma más intensa.

Un perro puede morder a un niño si considera que es una amenaza de la que tiene que defenderse.
Los niños por naturaleza se mueven de una manera que un perro asocia con un depredador. Un perro puede morder a un niño si considera que es una amenaza de la que tiene que defenderse.

Como para nosotros, cualquier cosa desconocida supone una amenaza. Para un perro la amenaza es mayor si esa cosa se mueve de una manera rápida (lo que activa al perro), invade su espacio y no respeta las señales de calma que le dicen “ey, renacuajo pesado, quiero llevarme bien contigo pero me estás molestando”.

Creo que no hace falta recordar lo pesado que puede ser un niño, ¿verdad? Por eso se suele decir que molan “pero sólo para un rato”. Muchas veces no hacen caso de las advertencias que les hacemos (como a las señales de los perros) y es inevitable soltarles un cachete.

Sigamos con el ejemplo. Pero cambiemos al niño por un mosquito sediento. ¿Por qué? Es igual de pesado, pero para nosotros supone una amenaza. Lo normal es que le esquivemos, le mostremos que no queremos nada con él… Y que ante su insistencia y el riesgo de hacerle una donación involuntaria de sangre acabe aplastado. Si encima estamos en una zona en la que la picadura del mosquito puede matar, no le damos ni una oportunidad. Directo al mundo 2D.

Un perro puede morder a un niño porque le considere una seria amenaza que no responde a su mensaje de “no quiero nada contigo”

Los perros tienen una paciencia de oro. Sino, créeme que habría muchos más ataques porque los respetamos menos que a una señal de STOP. Y con los niños suelen tener más paciencia aún porque saben que son cachorros humanos.

Pero para que tengan esa paciencia es importante que estén socializados con los niños. Es decir, que se les enseñe que los niños no son una amenaza. Además, cuando se consigue ¡¡se convierten en animales muy protectores de los enanos!!

El estrés es un detonante de ataques

Sin embargo, aunque esté correctamente socializado con los cachorros humanos, un perro puede morder a un niño de todas formas. O a una persona, a otra mascota o a otro perro.

Un factor muy determinante es cómo ese niño trate al perro. Si le hace muchas perrerías es normal que se acabe cansando. Y si el niño (ni los adultos que le acompañan) no hace caso a los avisos, no queda otra que morder para defenderse de la amenaza.

[Pequeña aclaración. Los perros cansados de que nadie les entienda y a los que les castigan cada vez que gruñen pueden entender que de nada sirve comunicarse y van directos a atacar. Como una persona muy incomprendida, vamos].

Pero otro factor no menos importante es el nivel de estrés. Cuando lo tienes alto, hasta que te regalen un boleto premiado de lotería puede sacar tu peor demonio, ¿verdad?

Pues a los perros les pasa lo mismo.

El estrés es un mecanismo de supervivencia natural e inconsciente que prepara al cuerpo para afrontar un peligro. Nos vuelve más sensibles a nivel físico y mental para percibir mejor ese peligro. Y hace que nuestra energía se concentre en las partes que nos sirven para huir y defendernos. Es decir, en las extremidades y, en el caso de los perros, en la boca.

Si un perro está estresado se vuelve más sensible a cualquier estímulo. Y tendrá una reacción más fuerte.

Cuando un perro siente que su vida está en peligro y está muy estresado, reaccionará de manera instintiva defendiéndose de cualquier estímulo. De la misma manera en la que pegarías a tu madre si de broma te da un susto en medio de la calle cuando hacía un minuto te habías fijado que un carterista te estaba siguiendo.

Después de agredir a tu madre (probablemente haciéndole mucho daño a causa de tu reacción por el estrés) vendría el arrepentimiento. Como le pasa a un perro que ataca a un ser querido.

Consejo de oro: jamás dejes a un niño a solas con un perro

Lo que ha sucedido en El Molar es responsabilidad de los padres por haber dejado solo al niño con los perros. Y del dueño de los perros por no supervisar la interacción con el pequeño. Este último ya ha recibido su primer apercibimiento, puesto que el SEPRONA le ha quitado a los perros.

No le podemos pedir a un niño que trate bien a un perro. Y menos si nunca le hemos enseñado a hacerlo. No podemos pedirle que escuche al perro si ni siquiera nosotros sabemos hacerlo.

Es importante entender a los perros y darles lo que necesitan en cada momento.

Pero más importante es nunca dejar a un niño a solas con un perro desconocido. Sea de la raza que sea.

Y si el perro es conocido (incluso si es parte de la familia), hay que supervisar bien la relación. De la misma manera en la que un padre o una madre le da un cachete, un perro puede morder a un niño cuando se pone pesado.

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